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La frustración es un sentimiento que nos invade cuando nos vemos privados de algo que esperábamos. Ésta puede venir acompañada de otras emociones negativas, como enojo, angustia, tristeza o rabia.

Si para nosotros, como adultos, es difícil de manejar, imagínate lo que es para un niño. Ten en cuenta que desde que nacen, hemos estado atentos a satisfacer cada una de sus necesidades. Obviamente, con el tiempo, vamos exigiéndoles más y eso hace que nuestros hijos se vean enfrentados a desafíos que no siempre pueden completar de manera satisfactoria.

Los niños no saben de tiempo, por eso no quieren esperar. Tampoco tienen la capacidad de pensar en las necesidades o deseos de nadie más que sí mismos, así que debes tener estos dos detalles muy presentes. Si ellos no consiguen algo cuando lo quieren o les niegas algo que te piden, se enfrentarán a la frustración.

Este sentimiento dura un período, es transitorio y dependerá exclusivamente de cómo les hemos enseñado los padres desde que son pequeñitos que aprendan a tolerar y resolver sus emociones. La buena noticia, es que la actitud se puede trabajar. La vida en general traerá innumerables situaciones frustrantes, así que es clave trabajar en la forma de enfrentar estos desafíos.

Fallar en un juego, caerse o tener que compartir algo que no quieren compartir, les provocará sentimientos de enojo o pena que derivará en llantos o pataletas, mucho más seguido de lo que nos gustaría. Ante estos casos, te dejo algunas claves:

  • Demuestra manejo de la situación. Los niños aprender imitando y si te pones nervioso y muestras poca voz de mando, ellos lo notan: ¡mantén la calma!
  • No los sobreprotejas. Es tentador, yo lo sé, pero es necesario permitir que los niños se equivoquen y ayudarles a aprender de sus errores.
  • Evita ser demasiado permisivo. No cedas ante cualquier pedido de tu hijo, porque en la vida no conseguimos todo lo que queremos.
  • Ante un fracaso, incentívalo a que lo vuelva a intentar una y otra vez. El problema no es equivocarse, es intentarlo hasta que resulte. Pero ¡ojo! Respeta su ritmo. Ah, y ¡no lo castigues ni lo retes si no le sale como tú esperabas!
  • Muéstrale que el esfuerzo es parte fundamental del proceso de alcanzar cualquier meta que él o ella se proponga.
  • Intenta que siempre termine lo que empieza y empodéralo demostrándole que él puede. Si es necesario, dale el tiempo que necesite.
  • Enséñale a valorar el proceso y el aprendizaje, no sólo el resultado. También hazle entender que no está mal pedir ayuda.
  • Motívalo a hacer tareas que vayan acorde a su edad: tener responsabilidades lo hará empoderarse y conocer sus capacidades: refuérzalo positivamente cuando veas que se esfuerza.

La vida en general estará llena de frustraciones, no lo sabremos nosotros. Por lo mismo, conseguir que tus hijos aprendan a tratar con ellas es de suma importancia. No olvides la importancia de un buen ejemplo: demuéstrales a tus hijos una actitud positiva ante los problemas y aprovéchalos para enseñar lecciones que, sin duda, quedarán grabadas.

Saber manejar este tipo de emociones permitirá que nos enfrentemos a la vida más preparados y sé que eso es lo que cualquier padre quiere, incluyéndome. Pon en práctica los consejos, no te arrepentirás.

 

 

 

Con Cariño
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