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Soy mamá. Probablemente si me estás leyendo, tú también lo eres. Ser padres es un rol maravilloso y desafiante, que muchas veces nos hará reaccionar de formas inesperadas y que nunca quisimos, como, por ejemplo, levantando la voz.

Lamentablemente, caemos en los gritos pensando que nos escucharán mejor o nos harán más caso, pero lo único que lograremos será herir la sensibilidad de nuestros niños y pasar un mal rato.

Seguro hemos podido observar que gritarles muchas veces nos da resultado para que hagan lo que estamos pidiendo. Pero ¿es porque están siendo obedientes o porque vino con una amenaza de por medio y el grito generó miedo?

Sé que los comportamientos de tu hijo a veces te desesperan, que a veces no sabes cómo actuar, que no sabes cómo lograr que te haga caso. También puede que te molesta profundamente que pelee con su hermano o cómo te contesta, eso nos pasa a muchos. Sin embargo, si quieres dejar los gritos y tomar el control, te doy acá algunos consejos que te puede ayudar:

  1. Todo lo que te diré a continuación no tendrá sentido, si no te detienes a mirar por qué tu hijo se está comportando de esa manera. Por qué está rabioso, por qué te contestó de esa manera, por qué comenzó con la pataleta. Si logras ver realmente lo que le está pasando y atiendes eso que le ocurre, podrás ayudarle a solucionarlo, porque algo le pasa, te lo aseguro.
  2. No olvides la importancia de regalonear con tus hijos: disfruta con ellos, ríete, hazles cosquillas, abrázalos y apretújate con ellos siempre que puedas. ¡Las caricias nos ayudan a conectar con ellos!
  3. No te olvides de ti, de tus horas de sueño y de tus pasatiempos favoritos. ¿Hace tiempo no ves a tu amiga? Contáctala y comparte un café con ella. No permitas que tu maternidad te aleje de las cosas que disfrutas como mujer.
  4. Todos tenemos días malos. Si estás pasándolo mal, permítete ese grito a solas en el auto, contra la almohada o en el jardín (¡procura no asustar a nadie!). Esto te permitirá liberar tensiones y no sobre reaccionar ante algún comportamiento.
  5. Transforma los rincones de tu hogar en un recordatorio de lo linda que es tu familia. Ser padres es una tarea desafiante y hermosa, aunque difícil. Decorar tu casa con fotos o recuerdos de momentos lindos te ayudará a tener esos buenos ratos más presentes.
  6. Ya, ¿estás a punto de estallar y lo sabes? Reacciona de manera inesperada: corre, baja y sube la escalera, o muévete como tú quieras. Esto te ayudará a desviar tus emociones y hará que el mal rato termine en risas. Si se te da mejor, en lugar de correr respira hondo y baja el ritmo.
  7. ¿Otra vez con ganas de explotar? Canaliza tu energía en algo positivo: respira profundo, dile a tu hijo que no vas a enganchar y vete a hacer algo que ocupe tu mente. Ordenar el clóset, lava el auto, anda al supermercado. Sal de ese momento que te está frustrando.
  8. Depende de nosotros ver el vaso medio lleno, ¡intenta verlo! Piensa en algo bueno de tus hijos y repítete que no es necesario gritarle. Trata de llegar a él de una forma positiva.
  9. Los neuro-termo-receptores reaccionan al cambio de temperatura. Si quieres que tu emoción se diluya, mójate la cara, abre la ventana del auto o bebe agua fría.
  10. Ten a mano algo que puedas apretar en caso de un momento de estrés o frustración, como una pelotita, plasticina o un spinner. Busca tu forma y canaliza tu energía antes de reaccionar.

Después de gritarles a nuestros hijos siempre viene la culpa, porque nos sentimos realmente mal al tratarlos así. Entonces, nos proponemos no hacerlo más, muy convencidos. Sin embargo, volvamos a nuestra realidad. No podemos prever todas las situaciones en las que nuestros hijos pueden ponernos y seamos francos, probablemente nos van a dar muchas ganas de gritarles.

Creeremos que esa vez fue realmente necesario, porque se lo merecía, o porque no queríamos restringirnos o porque no pudimos controlarnos. Cualquiera fuera la situación da el primer paso y detente a mirar lo que paso.

Si lo hiciste sin intención y consideras que fue un error, no temas pedirles perdón; esto también le enseña a nuestros hijos. Y por sobre todas las cosas: ¡Vamos hacia ser los padres que nuestros hijos necesitan que seamos!

Con Cariño
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